Motivos sobran
Por Leonardo Angelo - 09/10/2007 - 13:43

La gente de River se merecía semejante alegría. No solamente por los reveces futbolísticos que venía soportando estoicamente sino, también, por la fiesta que preparó para vestir al Monumental de rojo y blanco y que le hizo temblar las piernas a los 11 bosteros.
Ya a las siete de la mañana se iba juntando el pueblo “millonario”. Con una mezcla de ansiedad y orgullo por participar en la preparación de semejante fiesta, cada uno de los 200 hinchas que se acercaron puso el hombro para subir a las tribunas toneladas de diarios, rollos de papel y cintas rojas y blancas. Ya había alegría entre los hinchas. Ya había olor a clásico.
Se fue acercando la hora y el Monumental tomaba color y calor. La popular ofrecía una comunión de cuerpos apretados y voces a todo volumen. Las plateas acompañaban cada canto y saltaban como nunca. Uno se preguntaba: ¿Por qué tanto optimismo? No había respuesta lógica, solo la pasión podía explicar tanto amor y confianza.
Y por fin salió River. Por fin se puso en funcionamiento la escenografía. Miles de globos por los aires, cientos de petardos, humo rojo y humo blanco. El aliento era ensordecedor y, nuevamente, telas rojas y blancas cayeron desde las tribunas altas generando una hermosa cortina que cubrió tres cuartas partes del Monumental. Los jugadores de Boca estaban estupefactos y miraban anonadados a su alrededor. Sin dudas, nunca habían recibido semejante bienvenida, nunca se habían sentido tan visitantes y nunca les habían temblado tanto las piernitas.
Así arrancó el partido, con un claro dominio en las tribunas que pronto se reflejó en la cancha. Arriba River alentaba, abajo dominaba e iba en busca de un triunfo para los que ponen el hombro desde las tribunas. Y River fue, Boca buscaba aire que no encontraba. Trataba de enfriar un calor inagotable, de apagar una hoguera con saliva. Imposible, el “Millo” -equipo y gente- se lo comía, Boca se convertía en un pobre pato en medio de una merienda de lobos. Explotó el Monumental dos veces, los oles de arriba acompañaban el toqueteo de abajo. La resolución del clásico en la cancha fue un trámite de 45 minutos, un suspiro.
Casi el mismo tiempo se necesitó para confirmar el ganador de arriba que quedó claro en cuanto River apareció para jugar el segundo tiempo. Desde la Sívori alta cayeron toneladas y toneladas de papeles, esos que con un inmenso pasamanos, en el que los hinchas madrugadores dejaron ver su amor, fueron subidos con esfuerzo. Una enorme y espesa nube de papeles se adueño del ambiente y se convirtió en la estocada final para, a esa altura, esos 10 pobres pares de piernas que ya ni querían moverse. El clásico estaba listo. De ahí en más todo fue fiesta, los de enfrente ya ni existían. River bailaba a Boca en la cancha y su gente bailaba en las tribunas mientras esperaba que pasé el tiempo sin dejar de disfrutar un solo minuto.
El domingo River fue esfuerzo y más esfuerzo, aliento y más aliento, locura y carnaval, rojo y blanco. El pueblo riverplatense puso el hombro, el cuerpo y la garganta. Todo lo que pudo lo dio, no se guardó nada. Se tenía merecida semejante alegría. Motivos sobraban. ¡Salud!
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Futbol Profesional



desde colombia, cartagena un saludito a los hinchas
yo soy de mexico
pero ustedes son lo ma grande que existe en la argentina
muchas felicidades por el triunfo
y por ser la barra mas grande del mundo
saludos
SOLO HAY ALGO POR DECIR: RIVER TU PAPA Y A BOCA SE LA ENTIERRA POR DETRAS...
vamos river!!!!!
... Que gane River y todo el año sea carnaval!!!