Eco

A puro aliento, la gente de River volvió a decir presente en Avellaneda. Más allá de contar solamente con 4500 populares el clásico fue clásico gracias a la euforia sin freno de la gente que sigue acompañando al equipo sin pedir nada a cambio.
¡Es lindo ir a la cancha de Racing! Siempre pero siempre se alienta por demás. Es que estar debajo de la segunda bandeja contagia por como retumba y, entonces, el canto se masifica rápidamente y el aliento suena ensordecedor. Es como estar en un cono de silencio. Lo que cantan del otro lado ni se escucha, nada de nada.
¡Es lindo ir a la cancha de Racing! Se ve de muy cerca el partido y uno se siente ahí, casi adentro del verde césped -perdón Angelito por robarte la frase, solo en esto te puedo imitar, déjame-. Y eso de sentirse dentro, hace que uno vibre más y se meta más de lleno en el partido. Entonces uno grita y salta. Salta por nervios y grita por amor. Y entre saltos y gritos se siente participe y actor.
¡Es lindo ir a la cancha de Racing! Tantos buenos recuerdos. De eso se habla cuando se rumbea para Avellaneda. Del aquella noche de 1997 en la que perdíamos 2 a 0 con un jugador menos y lo ganamos 3 a 2 con gol de Cardetti a los 40 del segundo tiempo. Es que la paternidad que tenemos da más risa que euforia y uno va confiado.
¡Es tan lindo ir a la cancha de Racing! Es que se canta mucho y fuerte. Las voces retumban porque las gargantas explotan. Pero no solo es lindo ir, también da gusto irse. Es que cuando uno se aleja del cilindro siente que atrás quedan todas las voces de River juntas en un estruendoso eco. Eco que se queda dando vueltas a su antojo por el barrio. Un Eco que dice: “Avellaneda también es mía”.
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Comentarios (3 publicado)
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River Plate no puedo explicarle a a la gente lo que siento por vos