Por Alejandro Lopez Mateo - 21/03/2010 - 22:02

La Bombonera, máximo exponente del potrero nacional

La referencia no hace alusión precisamente a las aptitudes de Luiz Alberto o Gary Medel, claro está, sino a que el chiquero no late, no tiembla y jamás se llena, pero sí ¡¡se inunda!! Por primera vez en 80 años de profesionalismo, un poco de lluvia suspendió el Superclásico. Sí, Atlético jugó bajo un diluvio en Tucumán e Independiente fue local en Avellaneda, pero el Alberto J. Armando no resistió dos gotas de agua. “Es imposible jugar al fútbol profesional acá”, decretó Baldassi, y nosotros lo bancamos: que Boca cambie su localía a la cancha de San Telmo.

La lluvia que hostigó desde temprano a la Ciudad de Buenos Aires fue lo suficientemente molesta como para arruinar el domingo de más de uno, pero no lo fue tanto como para que Macri tuviera que sacar el gomón porteño para cruzar la ya clásica zona de inundación que enmarcan las avenidas Santa Fé y Juan B. Justo, en el barrio de Palermo. Sin embargo, una hora antes de que iniciara el River-Boca, las líneas de cal del campo de juego de La Bombonera se diluían con la misma velocidad con la que dos empleados del club xeneize intentaban remarcarlas.

El rodillo de pintura blanca iba y venía una y otra vez con la intención de encubrir el papelón que se aproximaba, pero para cuando la terna arbitral y los dos equipos saltaron al césped, la cancha de Boca se había reducido a un terreno con sólo dos arcos en sus extremos. Los laterales, los corner y las áreas brillaban por su ausencia en el estadio certificado con el estándar internacional ISO 9001:2008, pero en el que no funcionaron los molinetes de ingreso (se controlaron los tickets a mano), en el que no hubo agua en los baños y en el que los accesos para la tribuna visitante volvieron a resultar inverosímiles. Encima, como para decorar la patética escena, en la tribuna local, la hinchada de Boca no tuvo mejor idea que hacer alarde de los tres pañuelos con los que cree aportarle un toque de fiesta al clásico, y terminó haciendo el ridículo.

Es que su afán por demostrar una especie de ¿destreza? (des)organizada, abrieron una bandera debajo de otra, sin contar que el agua las haría inmanejables por su peso, por lo que los trapos se terminaron pegando uno con otro y estuvieron más de 15 minutos tratando de replegarlos. Del otro lado, desde una popular visitante que volvió a explotar de color y pasión, más de 4.500 millonarios empezaban a prever lo que se venía: durante el precalentamiento de los jugadores, el pésimo drenaje de la cancha de Boca quedaba manifiesto con cada pelota que rodaba por el césped. Por eso, no llamó la atención que a sólo diez minutos de iniciado el partido, Baldassi se viera en la lógica obligación de suspender el encuentro más esperado del semestre.

Sí, un papelón increíble. Más aún porque el viernes pasado Atlético de Tucumán había recibido a Estudiantes bajo un verdadero diluvio y en su cancha se pudieron completar los 90 minutos sin problemas, tal como ocurrió con Independiente y Central en Avellaneda dos horas después de la suspensión superclásica y a sólo dos kilómetros de La Boca… Ya lo dijo Baldassi: hoy hubo gente que vino desde el Interior, que se empapó durante horas, que pagó una entrada a precio turista sin ser turista y todo para un partido que no se puede jugar en semejante chiquero. Por eso, por cercanía y similitud de comodidades, desde aquí le sugerimos a la gente de Boca que cambie su localía a la cancha de San Telmo. ¿Que está clausurada? Mejor todavía, tienen excusa para cuando se inunde o no la llenen...

Foto: Fotobaires.

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Por Alejandro Lopez Mateo - 21/03/2010 - 22:02

La Bombonera, máximo exponente del potrero nacional

La referencia no hace alusión precisamente a las aptitudes de Luiz Alberto o Gary Medel, claro está, sino a que el chiquero no late, no tiembla y jamás se llena, pero sí ¡¡se inunda!! Por primera vez en 80 años de profesionalismo, un poco de lluvia suspendió el Superclásico. Sí, Atlético jugó bajo un diluvio en Tucumán e Independiente fue local en Avellaneda, pero el Alberto J. Armando no resistió dos gotas de agua. “Es imposible jugar al fútbol profesional acá”, decretó Baldassi, y nosotros lo bancamos: que Boca cambie su localía a la cancha de San Telmo.

La lluvia que hostigó desde temprano a la Ciudad de Buenos Aires fue lo suficientemente molesta como para arruinar el domingo de más de uno, pero no lo fue tanto como para que Macri tuviera que sacar el gomón porteño para cruzar la ya clásica zona de inundación que enmarcan las avenidas Santa Fé y Juan B. Justo, en el barrio de Palermo. Sin embargo, una hora antes de que iniciara el River-Boca, las líneas de cal del campo de juego de La Bombonera se diluían con la misma velocidad con la que dos empleados del club xeneize intentaban remarcarlas.

El rodillo de pintura blanca iba y venía una y otra vez con la intención de encubrir el papelón que se aproximaba, pero para cuando la terna arbitral y los dos equipos saltaron al césped, la cancha de Boca se había reducido a un terreno con sólo dos arcos en sus extremos. Los laterales, los corner y las áreas brillaban por su ausencia en el estadio certificado con el estándar internacional ISO 9001:2008, pero en el que no funcionaron los molinetes de ingreso (se controlaron los tickets a mano), en el que no hubo agua en los baños y en el que los accesos para la tribuna visitante volvieron a resultar inverosímiles. Encima, como para decorar la patética escena, en la tribuna local, la hinchada de Boca no tuvo mejor idea que hacer alarde de los tres pañuelos con los que cree aportarle un toque de fiesta al clásico, y terminó haciendo el ridículo.

Es que su afán por demostrar una especie de ¿destreza? (des)organizada, abrieron una bandera debajo de otra, sin contar que el agua las haría inmanejables por su peso, por lo que los trapos se terminaron pegando uno con otro y estuvieron más de 15 minutos tratando de replegarlos. Del otro lado, desde una popular visitante que volvió a explotar de color y pasión, más de 4.500 millonarios empezaban a prever lo que se venía: durante el precalentamiento de los jugadores, el pésimo drenaje de la cancha de Boca quedaba manifiesto con cada pelota que rodaba por el césped. Por eso, no llamó la atención que a sólo diez minutos de iniciado el partido, Baldassi se viera en la lógica obligación de suspender el encuentro más esperado del semestre.

Sí, un papelón increíble. Más aún porque el viernes pasado Atlético de Tucumán había recibido a Estudiantes bajo un verdadero diluvio y en su cancha se pudieron completar los 90 minutos sin problemas, tal como ocurrió con Independiente y Central en Avellaneda dos horas después de la suspensión superclásica y a sólo dos kilómetros de La Boca… Ya lo dijo Baldassi: hoy hubo gente que vino desde el Interior, que se empapó durante horas, que pagó una entrada a precio turista sin ser turista y todo para un partido que no se puede jugar en semejante chiquero. Por eso, por cercanía y similitud de comodidades, desde aquí le sugerimos a la gente de Boca que cambie su localía a la cancha de San Telmo. ¿Que está clausurada? Mejor todavía, tienen excusa para cuando se inunde o no la llenen...

Foto: Fotobaires.

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