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Por Ubaldo Kunz - 30/12/2008 - 20:51

Futuros cracks en River

Octava bicampeona que conduce Fernando Kuyumchoglu. Si bien la 93 tuvo la gran virtud de ser un equipo con todas las letras, Manuel –alias “El Ojón”- fue el jugador que se destacó en la función creativa. Un dato -para nada menor- es que Manuel no sólo fue el "cerebro" del equipo campeón, sino también el goleador por segundo año consecutivo (en el 2008 convirtió catorce goles). Además, este chico oriundo de Ituzaingó fue la gran figura de la victoria ante Boca Juniors en el superclásico disputado en Ezeiza (anotó dos goles y asistió a Salguero en el tercero), lo que le permitió a su categoría dar la vuelta olímpica en la cara del clásico rival. 

La Séptima división es la más vistosa de todas. Llena los ojos ver jugar a estos chicos, que entran a la cancha con la plena seguridad que si colectivamente no logran superar a su rival, lo hacen por desnivel individual. La 92 es también la categoría más campeona del fútbol amateur (este año salieron tricampeones), y cuenta entre sus filas seguramente al jugador más conocido mediaticamente, Erik Manuel Lamela. Nacido en Capital Federal, con 1,82 m. de estatura y 62 kilos, el "Coco" Lamela logró superar la presión que le impuso el estar en boca de todos por el interés del Barcelona F.C. allá por el 2002. Después de perder el puesto en Novena y Octava con Juan Carlos Montero, en este 2008 apareció el crack que  todos esperaban ver, y fue sin dudas uno de los abanderados del equipo de Gustavo De La Llera. Además, fue junto al "Keko" Daniel Villalba uno de los máximos artilleros de la temporada, con catorce goles cada uno. Su ladero, su socio en la mitad de la cancha, se llama Gustavo Olid Apaza, volante derecho, habilidoso, encarador, por momentos se transforma casi en un enganche o un delantero más, y juega casi de memoria con el "Keko" Villalba en la banda derecha. Todos ellos, sin dudas, constituyen unas de las máximas promesas del semillero riverplatense.

La categoría 91 fue la primera en dar la vuelta olímpica en el 2008, tres fechas antes del final. También fue la pionera en aportar este año un juvenil al primer equipo, con la sorprendente aparición entre los titulares de Mauro Díaz. Por ese motivo, Diego Monárriz tuvo que meter mano de entrada y tirar a la cancha al santiagueño Cristian Insaurralde y a Santiago Maidana. Si bien estos dos chicos anduvieron bien en la primera mitad del torneo, en la segunda apareció en todo su esplendor Omar Meza, que había arrancado el año jugando de volante por la izquierda, acompañando a Insaurralde y/o Maidana. Encarador, atrevido, desequilibrante en espacios reducidos, Omar no sólo fue muy importante en el engranaje del equipo, sino que también fue el segundo goleador, con doce tantos, nueve goles por debajo del gran artillero de la Sexta, que fue nuevamente Carlos “Chaki” Camorro.

Por último, la 90 fue una de las categorías que más chicos aportó a los planteles de la Primera y la Reserva. Maximiliano Oliva, Mateo Musacchio, Gonzalo Bou, Favio Jiménez y Facundo Affranchino fueron algunos de esos apellidos que comenzaron a dar sus primeros pasos. Pero no son los únicos con perspectivas de ser grandes jugadores. En este 2008 se destacó también Daniel Carrizo, conocido como el “Cata”. Además de entenderse muy bien con Gustavo “Tortuga” Fernández, otro de los proyectos que subió a Reserva y concentró con la Primera, su buena pegada y sus disparos de media y larga distancia fueron claves en muchos de sus ocho goles convertidos en esta temporada. No pudo ser campeón en su categoría, pero seguramente Daniel Carrizo dará que hablar si sigue creciendo como hasta ahora.  

Se trata sin dudas de una proyección a futuro. El fútbol es muy dinámico, desgastante y complejo para la integridad de estos chicos. Más si juegan en River, donde la presión es doblemente más fuerte que en cualquier otra institución. Pero ahí están, empezando a hacer ruido, todos ellos demuestran los sábados, domingos o cuando les toque jugar, que en River hay material a futuro. Habrá que esperar, habrá que respetar los tiempos naturales de maduración. La materia prima está, la fábrica también está volviendo a funcionar lentamente. Por lo menos, hay motivos para renovar esperanzas con el futuro que se viene.

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Por Ubaldo Kunz - 30/12/2008 - 20:51

Futuros cracks en River

Octava bicampeona que conduce Fernando Kuyumchoglu. Si bien la 93 tuvo la gran virtud de ser un equipo con todas las letras, Manuel –alias “El Ojón”- fue el jugador que se destacó en la función creativa. Un dato -para nada menor- es que Manuel no sólo fue el "cerebro" del equipo campeón, sino también el goleador por segundo año consecutivo (en el 2008 convirtió catorce goles). Además, este chico oriundo de Ituzaingó fue la gran figura de la victoria ante Boca Juniors en el superclásico disputado en Ezeiza (anotó dos goles y asistió a Salguero en el tercero), lo que le permitió a su categoría dar la vuelta olímpica en la cara del clásico rival. 

La Séptima división es la más vistosa de todas. Llena los ojos ver jugar a estos chicos, que entran a la cancha con la plena seguridad que si colectivamente no logran superar a su rival, lo hacen por desnivel individual. La 92 es también la categoría más campeona del fútbol amateur (este año salieron tricampeones), y cuenta entre sus filas seguramente al jugador más conocido mediaticamente, Erik Manuel Lamela. Nacido en Capital Federal, con 1,82 m. de estatura y 62 kilos, el "Coco" Lamela logró superar la presión que le impuso el estar en boca de todos por el interés del Barcelona F.C. allá por el 2002. Después de perder el puesto en Novena y Octava con Juan Carlos Montero, en este 2008 apareció el crack que  todos esperaban ver, y fue sin dudas uno de los abanderados del equipo de Gustavo De La Llera. Además, fue junto al "Keko" Daniel Villalba uno de los máximos artilleros de la temporada, con catorce goles cada uno. Su ladero, su socio en la mitad de la cancha, se llama Gustavo Olid Apaza, volante derecho, habilidoso, encarador, por momentos se transforma casi en un enganche o un delantero más, y juega casi de memoria con el "Keko" Villalba en la banda derecha. Todos ellos, sin dudas, constituyen unas de las máximas promesas del semillero riverplatense.

La categoría 91 fue la primera en dar la vuelta olímpica en el 2008, tres fechas antes del final. También fue la pionera en aportar este año un juvenil al primer equipo, con la sorprendente aparición entre los titulares de Mauro Díaz. Por ese motivo, Diego Monárriz tuvo que meter mano de entrada y tirar a la cancha al santiagueño Cristian Insaurralde y a Santiago Maidana. Si bien estos dos chicos anduvieron bien en la primera mitad del torneo, en la segunda apareció en todo su esplendor Omar Meza, que había arrancado el año jugando de volante por la izquierda, acompañando a Insaurralde y/o Maidana. Encarador, atrevido, desequilibrante en espacios reducidos, Omar no sólo fue muy importante en el engranaje del equipo, sino que también fue el segundo goleador, con doce tantos, nueve goles por debajo del gran artillero de la Sexta, que fue nuevamente Carlos “Chaki” Camorro.

Por último, la 90 fue una de las categorías que más chicos aportó a los planteles de la Primera y la Reserva. Maximiliano Oliva, Mateo Musacchio, Gonzalo Bou, Favio Jiménez y Facundo Affranchino fueron algunos de esos apellidos que comenzaron a dar sus primeros pasos. Pero no son los únicos con perspectivas de ser grandes jugadores. En este 2008 se destacó también Daniel Carrizo, conocido como el “Cata”. Además de entenderse muy bien con Gustavo “Tortuga” Fernández, otro de los proyectos que subió a Reserva y concentró con la Primera, su buena pegada y sus disparos de media y larga distancia fueron claves en muchos de sus ocho goles convertidos en esta temporada. No pudo ser campeón en su categoría, pero seguramente Daniel Carrizo dará que hablar si sigue creciendo como hasta ahora.  

Se trata sin dudas de una proyección a futuro. El fútbol es muy dinámico, desgastante y complejo para la integridad de estos chicos. Más si juegan en River, donde la presión es doblemente más fuerte que en cualquier otra institución. Pero ahí están, empezando a hacer ruido, todos ellos demuestran los sábados, domingos o cuando les toque jugar, que en River hay material a futuro. Habrá que esperar, habrá que respetar los tiempos naturales de maduración. La materia prima está, la fábrica también está volviendo a funcionar lentamente. Por lo menos, hay motivos para renovar esperanzas con el futuro que se viene.

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