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Sobre la violencia

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Días atrás, el periodista Adrián de Benedictis alertaba desde Página 12 sobre la complicada situación que viven los dirigentes de los clubes de fútbol en su relación con las barras bravas, haciendo hincapié en la dificultad de los mismos para llevar adelante una relación que tiene al miedo como trasfondo. Quien conoce, al menos cercanamente, la realidad de los clubes de fútbol, sabe que se trata de una afirmación cierta. Pero De Benedictis dice también, al comienzo de la nota, que “el fútbol argentino continúa debatiendo de qué manera detener tanta irracionalidad en las canchas”. Quisiera detenerme un momento en dicha afirmación, ya que me permitiría poner en cuestión hasta dónde eso ocurre, pese a ser una consigna que escuchamos habitualmente de todos los que de una manera u otra participan del ambiente del fútbol. Ya que, ¿qué significa debatir? Por ejemplo, ¿porqué partir de afirmar que lo que ocurre en las canchas es irracional?


Una posibilidad inicial sería la de pretender, antes que nada, comprender de qué hablamos cuando hablamos de violencia en las canchas, y para ello no basta con la experiencia propia de dirigentes, del Estado o del periodismo: sería necesario apelar al conocimiento especializado, el que pueden dar por ejemplo las ciencias sociales, para abordar un fenómeno complejo y probablemente, multicausal. Por ejemplo, los escasos estudios sobre las barras han evidenciado claramente que no se trata de una violencia en absoluto irracional, sino todo lo contrario; los trabajos pioneros de Julio Frydenberg sobre los orígenes del fútbol argentino, así como las recopilaciones e investigaciones periodísticas de Amílcar Romero, bastan y sobran para mostrarnos que la violencia siempre ha estado presente en el fútbol, más allá de sus distintas formas, variables e intensidades.


Frydenberg cuenta, al igual que lo hace Sandra Gayol describiendo la sociabilidad en los antiguos bares y fondas de Buenos Aires, como la cuestión del honor en juego surgía, profunda y altanera, en las rivalidades entre clubes e hinchas desde principios del siglo XX. ¿Será posible pensar hasta dónde, cuestiones como el honor y el aguante coexisten también como dimensiones específicas, junto y no necesariamente como resultado de los negocios que pueda implicar la violencia para sus distintos actores? ¿Creemos livianamente que la violencia no incluye, en absoluto, el componente pasional hacia un club o camiseta determinada?  ¿Podemos pensar una dimensión sin la otra? Probablemente no, como seguramente sea imposible comprender las particularidades de la violencia en el fútbol y sus vínculos con los dirigentes, sin hablar seriamente de la palabra club.


El conocimiento respecto de qué ha ocurrido y ocurre en los clubes como asociaciones civiles, es una faceta importante a la hora de contar con herramientas que permitan resolver, o al menos intentar resolver, el meollo de la cuestión. Desde el periodismo se escucha habitualmente un aleccionador alegato moral que esconde, en muchos casos, una doble moral sobre una violencia que a los medios de comunicación sirve, también, para vender. También, en el nivel de la clase política, otorga a los distintos estadios gubernamentales de turno la posibilidad de que se hable de ella, la violencia futbolística, por encima de otras violencias y de cuestiones más críticas, cuyo costo sería, a todas luces, más evidente. La violencia alrededor del fútbol no mide en las intenciones de voto de nuestros gobernantes y allí dónde no hay votos, parece desaparecer el interés por parte del Estado. Solemos escuchar críticas a la acción estatal por su falta de intención en resolver el tema, por no accionar con sus herramientas policíacas e institucionales-legales frente a los “inadaptados de siempre”; sin embargo, en los últimos años se han incrementado los operativos policiales, los cerrojos en entradas y salidas de los estadios, las cámaras auscultando dentro y fuera de los mismos, la policía de civil, los cuádruples simulacros de cacheos a los hinchas, etc. Es decir: mientras el Estado gasta más (y por lo tanto, su estructura dedicada a dicho gasto también obtiene ganancias monetarias; policías, subsecretarios de seguridad, y toda una industria alrededor de la cuestión que incluye hasta a quiénes colocan tubos y maderas divisorias), los resultados parecen no ser los esperados. Cabría preguntarse, entonces, cuáles son los resultados verdaderamente esperados. Pero dicha pregunta debería ser realizada, arriesgo, no con el ánimo de alentar la suposición de que necesariamente no se pretende corregir lo que falla (como escuchamos, también, muy frecuentemente), sino de repreguntarse, efectivamente, por qué es lo que en realidad falla. ¿No se tratará, claro, de que no existe la decisión política de no terminar con la cuestión, aprovechando el sentido común que nos abruma con la suposición de que más control social, más cercenamiento del espectáculo y más represión es lo adecuado y correcto? ¿No sería conveniente pensar que todos los instrumentos de las políticas estatales, y los intentos de los dirigentes de los clubes, deberían estar puesto inicialmente en estudiar y comprender el fenómeno, dejando de lado por un momento la obvias certezas del sentido común y consultando, por ejemplo, a los propios hinchas de los clubes, o relevándolos social, cultural y económicamente, a los fines de obtener datos que ayuden a buscar verdaderas soluciones? Un proceso de estas características,  llegado el caso, ¿no debería realizarse por especialistas? Bien podría ser este un camino que intenten y reclamen los dirigentes de los clubes, históricos custodios, para bien y mal, de los tesoros que ellos guardan, y en cuyos pliegos se agita, inquieta, la cuestión.


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Agregar comentario comment Comentarios (3 publicado)

  • Publicado por Susana C. Scilingo de Harbi, 15/05/2008 - 11:12
    Quiero hablar sobre el tema ahumada, mis padres me hicieron socia de River a la hora y media de nacer, por razones obvias, con el tiempo, se me hizo imposible seguir siendolo, ya que mi flia. somos cinco. Asi que llevo a River por mi sangre, es una pasion heredada que la continuan mis hijas y mi marido. Esto de Ahumada, no me parecio tan terrible como quiere hacer creer la "honorable " comision directiva, que de ningun modo son modelo a seguir comenzando por el presidente. Los que llevamos a River en la sangre lo vamos a seguir a muerte, y nada ni nadie nos va a sacar la pasion que sentimos por la institucion. Le hablo a esos hinchas que ante la primera adversidad, se descolocan, porque lo mismo que estan haciendo con este jugador no lo hacen por los dirigentes, que son una verguenza, pero claro si hay intereses creados la camiseta no cuenta tanto. Yo a River lo banco a morir, en las buenas y en las malas, porque es un sentimiento que nace desde lo mas profundo de mi corazon. Por Dios porque no escrachan a Aguilar, y a ver si este tiene un poco de amor propio y se va, o le dan una sancion economica a el. RIVER SOS LO MAS, Y NADA NI NADIE VA A EMPAÑARTE.
  • Publicado por Nicolas, 06/04/2008 - 20:10
    Cuantas preguntas e interrogantes, muy buena la nota!
  • Publicado por gonzaloooo, 06/04/2008 - 20:06
    Que grande la hinchada hoy fuimos locales no tenia aliento los amragos del granate que suerte qu no hubo violencia aguante river que vamos por buen camino!! SOYY PRII!! JAJAJAJ

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